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INTA: La agricultura familiar periurbana

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Informe realizó un reportaje al Vicepresidente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Tomás Schlichter y a Manuel Pedreira, Vocal del MAGyP en el consejo Directivo del INTA.

Por Manuel Pedreira (Vocal delegado del MAGyP en el Consejo Directivo del INTA y Tomás Schlichter, Vicepresidente del INTA)

Introducción aclaratoria

En Informe Frutihortícola vinimos analizando  la situación de la llamada Agricultura familiar de nuestro sector, el hortícola principalmente a lo largo de los últimos años.

Desde el inicio cubrimos una serie de Seminarios  realizados por el INTA San Pedro, hace ya varios años, donde se estudiaron todos los aspectos relacionados con la producción hortícola en la región periurbana, desde el punto de vista de los cultivos,  la siembra hasta la cosecha, los temas de plagas,  fertilización, variedades, etcétera.

Seguimos el desarrollo de  ese sector y después con la creación del  INTA AMBA se ha llegado a la realidad actual.  Por otra parte, existe el plan Pro Huerta del INTA desarrollado conjuntamente con el Ministerio de Desarrollo Social.

Por otro lado, a partir de la crisis de la “125” se creó en el ámbito nacional en la Secretaría de Agricultura, el Plan de la Agricultura Familiar de alcance nacional. El Registro de productores elaborado señalaba la existencia de 100.000 productores “familiares”.

Hemos leído el Censo Agropecuario nacional del año pasado pero no encontramos datos ni precisiones sobre el sector. Posiblemente, si se pudiera  acceder a los datos básicos se lograría  analizar más profundamente el estado de la situación actual.

Nuestras preguntas están contenidas en el marco de ese proceso.

A continuación las repuestas del INTA.

Me parece oportuno hacer una breve introducción acerca de la problemática del sector al que denominamos “Agricultura Familiar” tratando de encuadrar brevemente algunos antecedentes que se deberían tener en cuenta para una comprensión del sector.

La Agricultura Familiar, como uno de los aspectos centrales de la producción agropecuaria,  es un emergente -en el siglo XXI- del gran conflicto con el sector agropecuario que se opuso a la fallida resolución 125.

No es pretensión de esta reflexión hacer un juicio de valor del conflicto, sino simplemente señalar el origen del nacimiento de este nombre que caracteriza a no pocas asociaciones, principalmente del interior profundo del NEA, NOA, Patagonia y Buenos Aires, así como sectores productivos periurbanos del AMBA, Gran Rosario, Córdoba y Mendoza, que debieron buscar la forma de continuar su supervivencia, ante el quiebre del dialogo de las entidades gremiales que -en no pocos casos- las habían contenido, en particular la Federación Agraria Argentina.

El antecedente inmediato a lo señalado fue El Programa Social Agropecuario (P.S.A.), un instrumento para el desarrollo rural, creado en 1993 por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, que tenía por finalidad mejorar las condiciones de vida de las familias históricamente postergadas del medio rural a través del trabajo con las organizaciones campesinas. Fue el instrumento de política pública destinado a la contención de los sectores rurales del interior que serían afectados por el proceso de globalización emergente del consenso de Washington.

En octubre de 2008, 15 años después, el PSA dejó su lugar a la Subsecretaria de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, como respuesta institucional para intentar definir políticas publicas hacia un sector productivo que quedó al margen en el conflicto de la Resolución 125 y que había consolidado su expresión gremial, informal, en el Foro Nacional de la Agricultura Familiar integrado en aquel momento por más de 600 organizaciones de pequeños productores, parceleros, medieros y comunidades de pueblos originarios, muchos también con el doble rol de trabajadores migrantes que representaban a unas 180 mil familias de productores de todo el país.

La sanción de la ley 27118 REPARACIÓN HISTÓRICA DE LA AGRICULTURA FAMILIAR PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UNA NUEVA RURALIDAD EN LA ARGENTINA, fue el paso más importante para el reconocimiento político, social y económico de un sector históricamente invisibilizado, aunque es necesario reconocer que muchos productores, que por escala, dinámica organizativa, capacidad económica forman parte de él, no se sienten representados en este conglomerado, muchas veces por prejuicios culturales.

Finalmente, para hacer una llegada a la actualidad, en esta 2a Década del Siglo XXI, es muy importante señalar el impulso y fortalecimiento de organizaciones de productores que, desde fines de 2015, emprendieron un audaz proceso de consolidación de modelos productivos asociativos, cuya expresión más visible y mediática fueron los famosos “verdurazos” como respuesta al modelo de ajuste llevado a cabo entre fines de 2015 y fines de 2019, y que se expresan políticamente como sector en el colectivo denominado “Foro Agrario Soberano y Popular”, donde se nuclean casi la totalidad de las organizaciones de la “Agricultura Familiar, Campesina e Indígena” como se reconocen. En este ámbito, se han puesto en discusión las demandas históricas del sector en los últimos años, caracterizadas, principalmente, por la falta de apoyo económico para sostener su actividad, la necesidad de formalización e institucionalización de sus actividades y el reconocimiento del sector como actor relevante en la seguridad y soberanía alimentaria, entre los aspectos más destacados.

  1. Qué se entiende actualmente por “agricultura familiar”

Un enfoque es que la propia ley 27118 en su artículo 5° establece al señalar que son “Los pequeños productores, minifundistas, campesinos, chacareros, colonos, medieros, pescadores artesanales, productor familiar y también los campesinos y productores rurales sin tierra, los productores periurbanos y las comunidades de pueblos originarios comprendidos en los incisos a), b), c), d) y e), que contiene requisitos aplicables a estos perfiles.

Otro enfoque complementario, está relacionado con que, en su gran mayoría, casi la totalidad de los agricultores familiares vinculan su actividad al consumo de alimentos frescos, en su gran mayoría a circuitos  cortos de comercialización. Aunque ya se comienzan a observar circuitos de media distancia, en particular en zonas adyacentes a grandes centros urbanos. Sus características productivas mas significativas se distinguen por un acceso precario a la tierra, a través de arrendamientos en las zonas periurbanas compitiendo con el valor inmobiliario que los desplaza permanentemente; por la posesión precaria de la tierra en gran parte de los casos en las zonas rurales, amenazados permanentemente por desplazamientos forzados de zonas que se destinan a desforestación para incorporarlas a producción extensiva de comodities; o que se encuentran en litigios históricos amenazados por el desalojo. Tal es el caso de productores ganaderos criollos o comunidades de pueblos originarios del Norte Grande del país. Otro factor limitante de la producción para tener en cuenta y sobre el que INTA está trabajando es el acceso al agua para consumo y producción. La incorporación de tecnología para la producción y el agregado de valor que ha sido escasa; y ciertamente hay que desarrollar mecanismos apropiados para el acceso al crédito para financiamiento que apoye la incorporación de tecnología apropiada para el sector; que facilite desarrollo de procesos de asociativismo que permita, como ha sucedido en el pasado, la consolidación de un sector que representa más del 60% de los productores a lo largo y ancho del país, que no acceden a más del 1/3 de la tierra cultivable. Un sector que ha sido señalado por nuestro presidente, en dos ocasiones, como depositario de la responsabilidad de asegurar el alimento de los argentinos, a quienes hay que acompañar con políticas públicas apropiadas a las que esperamos acompañar, como lo señalo La presidenta de nuestro Instituto. Otro aspecto para corregir en las visiones que se ofrecen, interesada, o desinteresadamente, es de asociarlo, erróneamente, a la marginalidad y la pobreza rural ubicándolos fuera de los circuitos de las políticas públicas y como un símbolo de inseguridad en la producción de alimentos. En realidad, es un sector que reclama poder salir de ese territorio político reclamando políticas públicas que aún están pendientes, sin desmerecer los avances alcanzados años anteriores y, que en la actualidad, confiamos que se van a retomar. Es, esta, una apretada síntesis de un sector complejo, diverso y con un gran potencial.

Si Corresponde diferenciar esta caracterización de aquella que identifica “Actividades productivas de carácter familiar” vinculadas a modelos de producción agroindustriales, intensivos en capital y tecnología, donde la tierra es un componente más de la ecuación económica de la producción primaria de comodities cuyo destino final es mayoritariamente la exportación que determina el resultado financiero de la operación.

  • Cuál es la estimación actual sobre productores “familiares” en todo el país. ¿Se mantiene la categoría de minifundio?

No existen estimaciones actualizadas sobre el universo de productores encuadrados en la categoría de Agricultores Familiares considerando el perfil que la ley 27118 define, tomando como base el censo de 2018. Cualquier opinión es especulación dado que no se han desagregado los datos tratando de mantener el modelo propuesto por Edith S. de Obschatko en 2009 tomando como base el CNA 2002, que metodológicamente son los más coherentes y daban una cifra de algo superior a 251.000 EAP’s familiares con una superficie cercana a los 31 millones de hectáreas. Poder tener una aproximación de la evolución del sector en una línea de tiempo es una tarea que depende de la finalización del análisis del CNA 2018, aun pendiente. En este  momento, se tiene información sobre un posible proceso de concentración de la tierra, que es necesario analizar más profundamente puesto que el total de EAP’s  pasó de 330.000 unidades que se distribuían en casi 174,8 millones de hectáreas en 2002 a 250.880 EAP’s distribuidas en 157,5 millones de hectáreas según el censo de 2018. 

El dato duro más real al que se llegó en 2015, que aún es un proceso pendiente, lo aportó el ReNAF e indica que ha sido un sector fuertemente castigado por las políticas económicas de la gestión anterior, aun a pesar de instrumentos de financiamiento productivo muy importantes que fueron aportados a través del Programa Prohuerta en el componente de Proyectos Especiales.

La categoría minifundio subsistirá siempre que haya propietarios minifundistas porque es una forma de posesión de títulos de propiedad de la tierra, que es saludable y da cuenta de una escala de EAP’s que normalmente permite a un agricultor familiar producir para subsistencia y generar un excedente que puede destinarse a su comercialización y consumo. Sin embargo, nos permitimos comentar que, en la actual situación, la capacidad de asociatividad de minifundistas es relevante, y podrían alcanzar escalas de producción y tecnologías que mejoren la productividad y la rentabilidad, bajo un formato o esquema de asociatividad. Es una forma de exponer que el todo es más que la suma de las partes.

  • Cuál es la realidad de la agricultura periurbana en el territorio del Gran Buenos Aires.

La pregunta es muy amplia. Sin embargo, para aclarar de que estamos hablando, el AMBA o Gran Buenos Aires, refiere a lo que hoy es C.A.B.A y los municipios que llegan hasta el tercer cordón que, en total, abarcan 41 municipios que por el norte llegan hasta Zárate y Tigre, por el oeste hasta Lujan y Gral. Rodríguez, por el sur Cañuelas y por el sureste Brandsen y La Plata. Población aproximada 14.000.000 de habitantes.

Es indudable que tal magnitud de población requiere de estrategias específicas de abastecimiento de alimentos e infraestructuras acordes. Una de ellas es histórica: El Mercado Central de Bs As, que es un importante nodo, pero que resulta insuficiente. Estamos muy confiados en que la actual gestión hará un importante aporte para mejorar la provisión de alimentos en el AMBA.

La agricultura periurbana en el AMBA, que no es la única en el país, ha tenido un importante desarrollo en estos últimos 10 años. Se localiza principalmente en la zona de La Plata y alrededores, Berazategui y Florencio Varela por el sureste y con importantes desarrollos potenciales en el partido de Almirante Brown. Las zonas de Cañuelas, Ezeiza y La Matanza por el cordón sur-sur.

En términos de perspectiva del sector de la Agricultura Familiar periurbana cabe destacar que en estos últimos 4 años se han producido avances notables en el desarrollo de sus capacidades productivas, nivel de asociativismo y desarrollo de cadenas cortas de comercialización. Mirado desde el territorio existen áreas con fuerte desarrollo, no exentos de los problemas ya mencionados, como el caso de Moreno, Almirante Brown y Ezeiza que podrían ser pulmones productivos, por solo mencionar algunos casos. Sin embargo, éstas requieren un importante impulso desde políticas públicas transversales en cuanto a su institucionalidad y gran extensión interjurisdiccional para que los productores puedan desarrollarse.

La llegada de un dirigente de este sector a la presidencia del Mercado Central podría generar alternativas para la democratización de las cadenas de comercialización que contribuyan a consolidar un modelo de desarrollo nacional sustentable donde la Soberanía Alimentaria se constituya en uno de sus pilares. Esto constituye una condición esencial para superar la desesperante situación que afecta a gran parte de nuestra sociedad, agravada con esta emergencia sanitaria que desencadeno la pandemia del COVID-19 

  • ¿Se conoce la superficie de la horticultura bajo invernaderos por zonas, o provincias en el país?

Existen datos confiables al respecto en el INTA, vinculados a esta modalidad de producción de vegetales de hoja y hortalizas y se estiman en 5.500 has, aproximadamente; Lo que no está claramente dimensionado es en cuanto aporta la Agricultura Familiar, que produce solo un porcentaje muy bajo de su capacidad debido a la precariedad de su acceso a la tierra y la importante inversión que requiere para su puesta en marcha y mantenimiento. La inseguridad en cuanto a la tenencia de la tierra conspira en contra de inversiones de esta magnitud, en particular en la zona del AMBA y pampeana. La producción bajo invernadero está mas concentrada en pequeños y medianos productores hortícolas, organizados y formalizados que objetivamente en su mayoría son parte de este modelo que describimos, pero que por prejuicios o simbolismo cultural ya mencionado no se sienten representados en este sector.

  • ¿Cual es la situación actual del Plan Pro Huerta del INTA?

Hablar de la situación de Pro huerta en esta situación, podría mostrar el valor de una política publica que cumple 30 años. Ha sido la nave insignia de una política transversal llevada adelante entre el MDS y el INTA. El primero aportando recursos y la visión de la política de apoyo a sectores vulnerables; el segundo, aportando la capacidad técnica, despliegue territorial  y experiencia en la extensión para la transferencia y consolidación de capacidades en el sector objetivo del programa. Nació como una respuesta asistencial frete a una crisis muy profunda en nuestra sociedad. Hoy Pro huerta ha transitado un camino para transformar la asistencia en oportunidad de apalancar capacidades desarrolladas en casi 30 años de gestión en el territorio por parte de productores con la implementación de los “Proyectos Especiales” orientados a mejorar el acceso al agua de consumo y de producción, así como tecnología de manejo productivo en ganadería mayor y menor. La crisis económica de la deuda y la emergencia sanitaria han demorado un análisis necesario que permita focalizar y complementar estrategias que materialicen la necesaria profundización de estas políticas.

  • Existe una planificación o programa del INTA para la pequeña producción hortícola o frutícola o son las Estaciones Experimentales de cada región las encargadas de hacerlo.

Ha sido una política institucional desde el nacimiento del INTA, la asistencia, apoyo y desarrollo tecnológico hacia la producción agropecuaria de pequeña escala. Las estaciones experimentales, AER, OIT, desplegadas en el largo y ancho de territorio lo hacen cotidianamente. Quizás, se hace referencia a lo que nos viene ocupando en esta entrevista que es la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena, como ahora se ha actualizado para ser más inclusivos de realidades sociales, culturales y étnicas que reconocen a sectores antes sumergidos en categorías solo productivas. Por otro lado, tanto el mencionado Prohuerta, como los IPAF y el establecimiento del AMBA, dan cuenta de un creciente compromiso institucional de apoyo a la agricultura familiar. La situación económica del país y la irrupción de la pandemia han impactado sin duda  en los recursos disponibles y las posibilidades de movilidad para enfrentar todos los requerimientos de este sector, pero se realizan esfuerzos institucionales importantes y esperamos que la situación se revierta lo antes posible.

7) ¿Existe una definición sobre lo que se considera hoy una pequeña producción, considerando la parcela, mano de obra contratada, maquinaria, etc.?

Esta pregunta me atrevo a señalar que queda interpelada por la realidad que venimos describiendo. Creo que en la era del 5G, los desafíos son otros, aunque no se debe desechar las consideraciones tecnológicas de cara a la producción. Sin embargo, los desafíos del sector están en la necesidad de generar escalas de producción y  comercialización que permitan desarrollar redes que aporten a la capacidad de consumo nacional, a nivel local y regional, en primera instancia, productos agroalimentarios a costos razonables para el consumidor y a rentabilidades que permitan al productor consolidar sus operaciones productivas. Un aspecto estratégico es el asociativismo, no solo en la producción, sino en el circuito de distribución y solidos lazos con consumidores que también empiezan a recorrer el camino del asociativismo. El comercio justo es un modelo virtuoso en ese sentido para limitar el modelo de cadenas de valor concentradas. Son esquemas de complementariedad. En este proceso la tecnología, la conectividad y el asociativismo, multiplican capacidades orientadas al bien común, cuando son aplicadas con visión de Estado y espíritu democratizador de los recursos.

Para finalizar, creo importante señalar que la actual emergencia sanitaria provocada por la pandemia del COVID19, ha puesto en tensión y es un gran desafío para el sector de la Agricultura Familiar, afectado por la limitación en conformación de ferias. Esta circunstancia ha sido una gran oportunidad en el desarrollo de circuitos cortos, mostrando una gran capacidad de adaptación a la situación, pero una notable debilidad en sus recursos para adecuarse a las nuevas exigencias donde el Estado ha debido salir en su apoyo para beneficio de amplios sectores afectados en su capacidad de acceso a los alimentos frescos. Las experiencias actuales ponen en valor el rol del Estado para el conjunto de la sociedad, así como la colaboración y apoyo entre sector publico y privado para solucionar los problemas emergentes que esta Pandemia ha hecho mas visibles que nunca y demandan una atención especial para su resolución en el campo de la producción agroalimentaria.

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