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LA VITIVINICULTURA DE MENDOZA

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La vitivinicultura ha realizado un profundo cambio estructural iniciado hace 30 años. Poco tiene que ver buena parte de este sector con lo que existía hace cuatro décadas atrás, aunque un parte de aquella vitivinicultura aún subsiste, sin rentabilidad, viviendo de diversas formas de aportes del Estado, pero sin futuro.

El cambio estructural ha seguido una doble vía. Una cuantitativa, disminuido la cantidad hectáreas cultivadas, cantidad de uva producida; un cambio cualitativo, se han modificado las variedades de uva y las formas en que se cultivan, las tecnologías de las bodegas y por cierto, los vinos que se elaboran.

Este doble proceso de cambio estructural se ha sintetizado muy bien diciendo que ha sido el pasaje de la cantidad a la calidad, del mercado interno exclusivo al mercado externo.   

Para tener una mejor idea de dimensiones señalemos que en las últimos dos décadas la superficie cultivada con vid en todo el país aumento sólo un 9%, hoy son unas 215.000 has de cuales 151.000 están en Mendoza.

La industria en los últimos 10 años ha alcanzado un techo.  El año pasado y en lo que va este se registra un incremento de los despachos al consumo interno y las exportaciones. En este caso impulsadas por las exportaciones de vino a granel, en el caso del consumo interno básicamente en un cambio de precios relativos (bajas del pecios del vino frente a los sustitutos) por importantes promociones, como se puede observar en los supermercados. La conclusión es que se vende más vino (cantidad) pero las empresas facturan menos en pesos.

El sector sigue careciendo, como otros en el sector agroindustrial, de articulación interna lo que provoca fricciones que se traducen al final en falta de competitividad para todos. Aquí debe destacarse el caso de FECOVITA que ha alcanzado gran dimensión tanto en el mercado interno como en exportaciones, articulando unos cinco mil productores primario agrupado en Cooperativas que confluyen en Fecovita.

Los problemas que enfrenta la vitivinicultura que hemos señalado al inicio de la nota que provienen de la política económica nacional. Lo que está claro es que a consecuencia de ellos ha dejado de ser el sector dinámico que impulsaba la economía y difícilmente pueda serlo en los próximos años.

Sí resulta de interés apuntar algunos problemas y cambios estructurales producidos que son importantes. En primer lugar destacar algo que suele omitirse: un problema grave de la agricultura en Mendoza es el minifundio, que a fuerza de subdivisión de la propiedad se torna improductivo. La gran cantidad de propiedades rurales en estado de abandono es la evidencia.

En los últimos años se registra un aumento del tamaño de las propiedades dedicadas a la viticultura. Esto genera el consabido alerta de los “amantes de lo pequeño” sobre la concentración económica. Observación sin sentido cuando lo necesario es el aumento de escala, para ser eficiente. La “pequeña propiedad” de hace medio siglo es absolutamente insostenible económicamente hoy en día.

Un segundo aspecto de cambio estructural de gran importancia en la vitivinicultura se refiere a la modificación de la localización espacial del viñedo y las bodegas. Ha perdido importancia la zona Este, la de mayor superficie y volumen de producción de uvas comunes y también el sur de la provincia. Hoy el centro de la vitivinicultura de alta calidad se ha desplazado al Valle de Uco (Tunuyán, Tupungato y San Carlos) y una notable ampliación del área cultivada en Luján de Cuyo.

Por cierto esos cambios van acompañado de una notable modificación en las características de las bodegas, de su localización y de sus funciones. El turismo enológico ha sido, hasta la pandemia, el sector más dinámico de la economía provincial. Una importante cantidad de bodegas tiene  restoranes alojamientos para turistas, que generalmente son altos niveles de ingreso. El sector hoteles, restoranes, empresas  de viaje y turismo ha cambiado totalmente, derivado de la nueva vitivinicultura. Finalmente debe señalarse el esfuerzo que hicieron todos los protagonistas para que, en el inicio de la pandemia, se pudiera terminar la vendimia con normalidad, a lo que ha contribuido el aumento de la cosecha mecánica y la asistida.

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